LABERINTOS: Historia e interpretación (parte II)

Sigamos hablando de los misterios que encierran los laberintos.
En una entrada anterior, habíamos comentado, sobre los tipos de laberintos y los enigmas que entrañaba su aparición por tierras americanas y en culturas como la de los indios hopi.

Para comprender mejor lo que narraremos a continuación, haremos una breve mención a lo que la filosofía oriental entiende por kundalini yoga.

Para el hinduismo, la kundalinī es una energía invisible e inmedible representada por una serpiente, que duerme enroscada en el muladhara (el primero de los chakras, que está ubicado en la zona del perineo).

Los chakras por su parte, son vórtices energéticos situados en los cuerpos sutiles del ser humano, llamados kāma rupa ('forma del deseo') o linga sharira (‘cuerpo simbólico’). Su tarea es la recepción, acumulación, transformación y distribución de la energía llamada prana.
Los antiguos tratados hablan de siete chakras principales, situados a lo largo de la columna vertebral, o, más exactamente en un nadi central a lo largo del raquis y hasta la mollera o vértex, llamada abadhuti, por donde asciende la serpiente llamada kundalini o śakti, hasta encontrarse con el Brahman (en el chakra superior), de gran importancia en el tantra.

Dentro de las extrañas similitudes de los Hopi con otras culturas ancestrales, vemos también aquí otra conexión. En “The book of the hopi” su autor, Frank Waters, nos brinda una excelente comparación de los Chakras del Kundalini Yoga y los centros vibratorios Hopi.
Los centros vibratorios de los hopi son tanto localizaciones geográficas subterráneas como también centros psico-físicos, es decir que se encuentran en el cuerpo humano.

Waters nos comenta lo siguiente: “De acuerdo con el sistema de creencias de los hopi, tanto el cuerpo del planeta tierra como el cuerpo del ser humano, están conformados bajo un mismo orden. Podemos decir brevemente, que tanto el misticismo de oriente como el de los indios Hopi equiparan los cuerpos del hombre y de la tierra, y los centros internos del hombre con los siete universos”

Estas similitudes, también nos recuerdan la reverencia sostenida por los Hindúes y los Hopi al centro en si. En el caso de los Hindúes, tenemos el mandala: especie de figura meditativa circular, similar a un laberinto. El mismo Mircea Eliade nos dice que mandala, de hecho significa “circulo”, y posteriormente asocia el concepto de mandala con los mitos y prácticas asociadas al Laberinto Crentense.

Antes de seguir con estas similitudes, recordemos un poco el mito de la emergencia de los indios hopi. De acuerdo a este, y siguiendo a Waters, según el mito hopi de la creación, antes de que existiera el mundo solo existía el creador TAIOWA. No había ni principio ni fin, era la era del no tiempo, no existía la vida ni la forma. Todo era un inconmensurable vacío.
Primero TAIOWA creó a SOTUKNANG, y le dijo “Yo te he creado para que lleves mi plan para la vida en el espacio sin fin. Yo soy tu Padre y tu mi hijo. Ve y crea los universos en el orden acordado para que puedan funcionar armónicamente entre ellos de acuerdo a mi plan.”. Luego Sotuknang, creó la tierra y a La Mujer Araña. Y a su vez La Mujer Araña creó a los Gemelos: Poqanghoya y Palongawhoya.

A Poqanghoya se le encomendó la tarea de solidificar la tierra, y a Palongawhoya de llenarla de sonido, por eso también fue conocido como “Eco”.
Por último una vez que Los Gemelos cumplieron sus respectivas tareas, Poqanghoya fue enviado al polo norte y Palongawhoya al polo sur del eje terrestre donde esta vez se les encomendó la labor de mantener el mundo rotando armónicamente. A Poqanghoya también se le dio el poder de mantener a la tierra en forma estable y a Palongawhoya se le dio el poder de mantener el aire en un suave y ordenado movimiento, y a su vez fue ordenado para mantener activos los centros vibratorios de la tierra. Esos centros vibratorios terrestres, son los mismos que se encuentran dentro del cuerpo humano, y tienen una relación de similitud directa con los chakras orientales.

Siguiendo con el mito de la emergencia de la creación, una vez creado el mundo y los seres humanos, y luego de un período de pacifica convivencia, la gente comenzó a corromperse desobedeciendo al Creador. Así fue como el Primer Mundo, TOKPELA, fue destruido por el fuego, y solo unos pocos lograron salvarse. Los no corrompidos fueron salvaguardados en la Kiva de la gente Hormiga. Luego tanto el Segundo y el Tercer mundo de los hombre fueron destruidos, también debido a no comprender el ser humano a vivir en armonía entre ellos y con la naturaleza.
Las divinidades se comunicaban con los sobrevivientes a través de su séptimo centro vibratorio y les fueron indicando el camino. La Mujer Araña les dijo “Deben continuar su viaje. Su sabiduría interna los guiará. La puerta en la punta de sus cabezas (kopavi) está abierta.”
Aquí volvemos a ver las similitudes y no solo con los chakras Hindúes, sino también con aspectos que conciernen a los Laberintos Hopi.

Estos laberintos, como habíamos dicho, están conformados por siente anillos con cuatro terminaciones en línea. Esas cuatro terminaciones, podrían simbolizar a los cuatro primeros seres humanos, o a los cuatro puntos cardinales donde se fueron sucediendo las migraciones hopi. Los siete anillos a su vez, podrían corresponder a los centros vibratorios.

Tampoco debemos olvidarnos de las kivas hopi (lugares ceremoniales). Estas posen dos entradas, en el techo y en el suelo. El sipapu (agujero en el piso de la kiva) esta ubicado en una posición central, mientras que la salida está justo sobre él.

Para concluir diremos que lo que encontramos en el laberinto hopi, es probablemente, un símbolo que nos hace reflexionar sobre su mitología y cosmología. La ubicuidad de dicho símbolo, por diferentes continentes y diversas culturas, constituye un verdadero misterio.

El conocido historiador de las religiones rumano, Mircea Eliade, introduce un elemento de lo universal en este estudio, afirmando que:

El supremo rito de la iniciación es entrar en un laberinto para poder luego salir de él, incluso la vida más insignificante, puede tomarse como un viaje a través de un laberinto. El sufrimiento y las pruebas a los que fue sometido Ulises fueron fabulosos, y sin embargo, todo hombre al regresar a casa, tiene el mismo valor que Ulises tuvo cuando regresó a Itaca. (Eliade, Mircea- Patterns in Comparative Religion-)

1 comentario:

  1. hay una publicidad perfecta, un anuncio en tale, lo vi hace unos 6 meses... que decía : " O grande Odiseo, que tu viaje a Itaka dure siempe"
    UN SALUDO

    ResponderEliminar

Hazte amigo!

Lo más visto