KOYAANISQATSI (life out of balance)

KOYAANISQATSI (life out of balance) de Godfrey Reggio. Película-documental



KOYAANIQUATSI
FICHA TECNICA
AÑO:1982
DURACIÓN: 87 min.
PAÍS: USA
DIRECTOR: Godfrey Reggio
GUIÓN: Godfrey Reggio, Ron Fricke, Michael Hoenig
MÚSICA: Philip Glass
FOTOGRAFÍA: Ron Fricke
PRODUCTORA: IRE Production

Esta película es sin lugar a dudas una de mis favoritas. Se trata de una película, caracterizada por su gran originalidad e impacto que provoca en el espectador. No está diseñado como el típico documental con la voz en off de un locutor mientras se va sucediendo en imágenes lo comentado, ya que no hay voces, sino que aquí cobra trascendental importancia la música empleada, además del juego visual.

El conocido compositor minimalista Philip Glass se encarga de ambientar el film con su música, que va tomando diferentes matices con el correr de la película. Comenzando con una excelsa música en la primera parte, pasando por momentos de desesperación y desquicio en el nudo; que refleja con magistral claridad lo que va aconteciendo.

Koyaanisquatsi se trata en realidad de la primera parte de una trilogía, llamada TRILOGÍA QUATSI (las otras dos son Powwaqatsi -1988- y Naqoyqatsi -2002-), del director Godfrey Reggio, donde se van entremezclado diversos tópicos. Primero la vida en naturaleza, la armonía, la tranquilidad. Luego la mano del hombre en ella con su tecnología, carreteras, cableados, coches, aeroplanos, consumismo, impersonalidad en las relaciones, sistema de vida autómata y agobiante; que lo van llevando al desequilibrio. De ahí su nombre Koyaanisqatsi, que en la lengua hopi significa "vida fuera de balance" o "vida en desequilibrio".

Se transformó enseguida en una película polémica y de culto, fue realizada entre los años 1975 y 1982, y presentada ante 5000 personas el 4 de Octubre de 1982 en el Radio City Hall de Nueva York.

Aquí les dejo el trailer.



Quien se haya tomado unos minutos para informarse sobre la forma de vida y pensamiento de los indios Hopi, sin duda estará de acuerdo con varios principios que ellos pregonan.

Algunos se sorprenderán o serán renuentes a aceptar términos como "profecías", "el enviado", "dioses del mas allá", "signos", "el fin de los tiempos", "kachina", etc. Sin duda que por si mismos a nuestra mente racional le sonarán a términos místicos o supersticiosos, y los observará con desconfianza.

pintura indios hopi

Pero la cuestión aquí es ver mas allá de esta apariencia y no quedarnos solo con lo literal. Entonces, adentrémonos y quitemos el velo a lo que realmente los hopi intentan comunicarnos. (ver la importancia de los mitos)

Creo, que a fin de cuentas, no necesitamos ninguna profecía Hopi, Maya o Azteca; premoniciones de Nostradamus o armagedones del Apocalipsis para sostener que algo distinto esta sucediendo en los tiempos que corren, tanto con el mundo, como con el ser humano y su interacción en él.

Ha habido importantísimos y trascendentes cambios en varios aspectos, como ser: en lo social, económico, tecnológico, político, comunicaciones, forma de consumo, etc.

Los indios hopi, con su milenaria sabiduría, nos quieren alertar sobre nuestra forma de vida depredadora, consumista y egoísta. Que si seguimos en esta senda de expoliación de recursos naturales, racismo, y odio entre naciones, codicia, guerras por "la paz y la democracia" (que en realidad encubren verdaderos fines económicos y de imperialismo) sin duda iremos derecho hacia el armagedon y el fin de la vida tal cual la conocemos hoy día.

Interesante, es lo que nos muestra Al Gore con su documental "Una verdad Incómoda". Da un claro panorama de lo que nos espera si seguimos en esta senda. Incluso, una parte importante de la comunidad científica opina que por mas que se hagan previsiones a futuro sobre lo que sucederá con el cambio climático y calentamiento global, la mayoría de las mismas podrían ser falaces o quedar a medio camino, ya que no hay datos comparativos en la historia de nuestro planeta; es decir, jamás se ha vivido esto que estamos presenciando hoy en día, cambios bruscos y abruptos, no por causas naturales, sino por obra del ser humano.

Creo que el ser humano tiene un gran defecto (entre tantos) que lo está condenando y este es su soberbia, soberbia que le hace sentirse el centro del universo, de que el mundo está para servirle, de que puede apretar y apretar sin que se sufran las consecuencias. Gran error.

Cañon del Colorado indios hopi

No se realmente que ha alimentado este sentir con el correr de su historia (tal vez las algunas religiones hayan ayudado un poco), y si bien la ciencia ya se ha encargado por un lado, de ponernos en el lugar que realmente estamos, es decir, que somos solo un punto en el espacio y en el tiempo de este gran universo (algunos ya hablan incluso de multiverso); por otro lado ha alimentado un exceso de arrogancia, a raíz de los avances técnicos conseguidos en su nombre.

Seguimos olvidando nuestra esencia.
No se si se han puesto a pensar alguna vez en la inmensidad del universo, en el tiempo que ha transcurrido para que hagamos su aparición en él (millones y millones de años). La tierra en todo ese tiempo ha sido bombardeada por meteoritos y cometas, pasando por períodos de glaciación y desertificación, terremotos, huracanes, mega erupciones volcánicas, continentes uniéndose y separándose en una danza interminable.

Y yo me pregunto...durante todo este tiempo, el mundo podía existir sin nosotros? La respuesta es obvia, no creo que los primitivos organismos y seres vivos nos echaran mucho de menos, y sin embargo existían.

Entonces es a este "darse cuenta", a este cambio de mentalidad soberbia y egoísta por una mas humilde y agradecida es a lo que los nativos Hopi apuntan cuando hablan de profecías. El cambio por un respeto al ser humano y al medio y a todo ser viviente. Si reflexionamos un poco, tal vez creo que no tendremos problemas en llegar a estar intelectualmente de acuerdo con ellos. Pero eso es solo el paso previo, hasta el definitivo...el poder vivir sus enseñanzas.
El texto que presentaremos hoy, se trata de uno de los más preciados por los defensores de la naturaleza y el medio ambiente, y pertenece al jefe de la etnia Suquamish (considerado por este motivo como el primer ambientalista).

Se trata de una declaración dirigida al presidente de los Estados Unidos de aquel entonces, Franklin Pierce, en el año 1854, en respuesta a la oferta de compra de las tierras de los Suquamish en el noroeste de los Estados Unidos, en lo que hoy en día es el Estado de Washington.

Los indios americanos estaban muy unidos a su tierra no conociendo la propiedad, es más consideraban la tierra dueña de los hombres. En numerosos ámbitos se le considera como "la declaración más hermosa y profunda que jamás se haya hecho sobre el medio ambiente".

jefe Noah Sealth
Aquí el discurso:

He allí el cielo que ha llorado lágrimas de compasión sobre mi pueblo durante incontables siglos y que, aunque nos pueda parecer inmutable y eterno, es cambiante. Hoy está despejado. Mañana puede estar cubierto de nubes.

Mis palabras son como las estrellas que nunca cambian. Cualquier cosa que diga Seattle, el gran jefe en Washington puede confiar en ello tanto como pueda confiar en el regreso del sol o de las estaciones.

El jefe blanco dice que el Gran Jefe en Washington nos envía saludos de amistad y buena voluntad. Esto es muy amable de su parte ya que sabemos que él necesita poco de nuestra amistad. Son muchas sus gentes. Son como la hierba que cubre vastas praderas. Mi gente es poca. Se asemejan a los pocos árboles que se encuentran esparcidos en una pradera azotada por una tormenta. 


El gran, y presumo, buen Jefe Blanco, dice que desea comprar nuestra tierra pero que, al mismo tiempo, nos deja suficiente para que vivamos confortablemente. Verdaderamente esto parece ser justo, y aún generoso, ya que el Hombre Rojo no tiene más derechos que él necesite respetar, y la oferta también parece ser sabia ya que no necesitamos más un territorio extenso.

Hubo un tiempo en el que nuestra gente cubría la tierra como las olas en un mar encrespado por el viento cubren el fondo cubierto de conchas, pero ese tiempo hace mucho que desapareció junto con la grandeza de las tribus que ahora son apenas un recuerdo doloroso. No trataré el tema, ni lloraré sobre eso, de nuestra desaparición a tiempo, ni voy a reprochar a mis hermanos cara pálida por haberla acelerado, porque también nosotros somos en algo responsables de ella.

La juventud es impulsiva. Cuando nuestros jóvenes se enojan con alguna injusticia real o imaginaria, y se desfiguran sus caras con pintura negra, denotan que sus corazones son negros, y que con frecuencia son crueles e implacables, y nuestros viejos y viejas son incapaces de moderarlos. Así siempre ha sido. Así fue cuando el hombre blanco empezó a empujar a nuestros antepasados hacia el oeste. Pero esperemos que nunca regresen las hostilidades entre nosotros. Tendríamos todo que perder y nada que ganar. Los jóvenes consideran como ganancia a la venganza, aún al costo de sus propias vidas, pero los hombres viejos que permanecen en casa en momentos de guerra, y las madres que tienen hijos que perder, saben que no es así.

Nuestro buen padre en Washington—ya que presumo que ahora es nuestro padre al igual que suyo, ya que el Rey George ha movido sus fronteras más hacia el norte—nuestro gran y buen padre, digo, nos envía el mensaje de que si hacemos como él desea, él nos protegerá. Sus bravos guerreros serán para nosotros como una erizada pared de fortaleza, y sus maravillosos barcos de guerra llenarán nuestros puertos, para que nuestros antiguos enemigos más al norte—los Haidas y Tsimshians, cesen de asustar a nuestras mujeres, niños, y viejos. Realmente él será nuestro padre y nosotros sus hijos.

Pero, ¿puede eso suceder alguna vez? ¡Su Dios no es nuestro Dios! ¡Su Dios ama a su gente y odia a la mía! Él pliega amorosamente sus fuertes brazos protectores alrededor del cara pálida y lo conduce por la mano como un padre conduce a un hijo infante. Pero, Él ha desamparado a Sus hijos Rojos, si realmente son Suyos. Nuestro Dios, el Gran Espíritu, parece que también nos ha abandonado. Su Dios hace que su gente se hagan más fuerte cada día. Pronto ellos llenarán todas las tierras.

Nuestra gente está menguando como una marea que retrocede rápidamente y que nunca regresará. El Dios del hombre blanco no puede amar a nuestra gente o Él los hubiera protegido. Ellos parecen huérfanos que no tienen donde buscar ayuda. ¿Cómo, entonces, podemos ser hermanos? ¿Cómo puede su Dios llegar a ser nuestro Dios y renovar nuestra prosperidad y despertar en nosotros sueños de una grandeza que regresa? Si tenemos un Padre Celestial común, Él debe estar parcializado, porque Él vino hacia Sus hijos cara pálida.

Nosotros nunca lo Vimos. Él les dió leyes pero no tuvo palabras para Sus niños rojos cuyas prolíficas multitudes una vez llenaban este vasto continente como las estrellas llenan el firmamento. No; somos dos razas diferentes con orígenes diferentes y destinos separados. Hay muy poco en común entre nosotros.

Para nosotros, las cenizas de nuestros antepasados son sagrados y su lugar de reposo es terreno reverenciado. Ustedes se alejan de las tumbas de sus antepasados y aparentemente sin pena. Su religión fue escrita sobre lápidas de piedra por el dedo de hierro de su Dios para que así ustedes no pudieran olvidar.

El Hombre Rojo nunca podría comprender o recordarlo. Nuestra religión es las tradiciones de nuestros antepasados, los sueños de nuestros hombres viejos, dados en las horas solemnes de la noche por el Gran Espíritu; y las visiones de nuestros jefes, y está escrito en los corazones de nuestra gente.

Sus muertos dejan de amarlos y la tierra natal tan pronto como pasan los portales de la tumba y vagan más allá de las estrellas. Ellos pronto son olvidados y nunca regresan.

Nuestros muertos nunca olvidan este hermoso mundo que les dió vida. Ellos todavía aman a sus verdes valles, sus rumorosos ríos, sus magníficas montañas, sus apartadas cañadas y lagos y bahías bordeados de verde, y siempre suspiran con un tierno y cariñoso afecto por los seres vivos de corazones solitarios, y con frecuencia regresan del feliz coto de caza para visitarlos, guiarlos, consolarlos, y confortarlos.

Día y noche no pueden convivir. El Hombre Rojo siempre ha rehuido los acercamientos del Hombre Blanco, como la neblina matutina huye antes que aparezca el sol de la mañana. Sin embargo, su proposición parece justa y creo que mi gente la aceptará y se retirará a la reservación que usted le ofrece. Entonces, viviremos separados en paz, ya que las palabras del Gran Jefe Blanco parecen ser las palabras de la naturaleza que habla a mi gente desde la densa oscuridad.

Importa poco donde pasemos el resto de nuestro días. No serán muchos. La noche del Indio promete ser oscura. Ni siquiera una simple estrella revolotea en su horizonte. Vientos de voz triste se lamentan en la distancia. Un triste destino parece estar en el camino del Hombre Rojo, y donde quiera escuchará los pasos que se aproximan de su cruel destructor y se prepara impasiblemente a enfrentar su destino, como hace el antílope herido que escucha los próximos pasos del cazador.

Una pocas lunas más, unos pocos inviernos más, y ninguno de los descendientes de los poderosos espíritus que alguna vez se movían por esta amplia tierra o vivían en hogares felices, protegidos por el Gran Espíritu, permanecerán para llorar sobre las tumbas de un pueblo que una vez fue más poderoso y con más esperanzas que el suyo.

Pero, ¿por qué debo llorar sobre el destino a tiempo de mi pueblo? Tribus siguen a tribus, y naciones siguen naciones, como las olas del mar. Es el órden de la naturaleza, y lamentarse es inútil. Su momento de decadencia puede estar distante, pero seguramente llegará, porque aún el Hombre Blanco cuyo Dios caminó y habló con él como amigo a otro, no puede estar exonerado del destino común. Puede que seamos hermanos, después de todo. Veremos.

Estudiaremos su proposición y cuando hayamos decidido, se lo haremos saber. Pero, si la aceptamos, yo aquí y ahora pongo esta condición, que no se nos niegue el privilegio, sin molestarnos, de visitar en cualquier momento las tumbas de nuestros ancestros, amigos, e hijos. Cada parte de este suelo es sagrado en la consideración de mi pueblo. Cada ladera, cada valle, cada pradera y huerto, ha sido consagrado por algún triste o feliz evento en días hace tiempo desaparecidos.

Aún las rocas, que parecen ser mudas y muertas ya que se tuestan en sol a lo largo de la costa silenciosa, llenas con memorias de eventos excitantes conectados con las vidas de mi gente, y el mismo polvo sobre el cual ustedes se encuentran responde con más amor a sus pisadas que a las suyas, debido a que ha sido enriquecido por la sangre de nuestros antepasados, y nuestros pies desnudos son conscientes del toque simpatético. Nuestros difuntos, bravos, amadas madres, alegres y felices doncellas, y aún los niños que vivieron aquí y se regocijaron aquí por una breve estación, amarán estas soledades sombrías y, durante la caída de la tarde, ellos recibirán a los tenebrosos espíritus que regresan.

Y, cuando el último Hombre Rojo haya perecido, y la memoria de mi tribu se haya convertido en un mito entre el Hombre Blanco, estas playas estarán repletas de los muertos invisibles de mi tribu, y cuando los hijos de sus hijos se crean solos en el campo, la tienda, el taller, en la carretera, o en el silencio de los bosques sin senderos, ellos no estarán solos. En toda la tierra no hay lugar dedicado a la soledad. En la noche, cuando las calles de sus ciudades y pueblos están silenciosas y ustedes creen que están desiertas, ellas estarán atestadas con los huéspedes que regresan y que una vez las llenaban y que todavía aman esta hermosa tierra. El Hombre Blanco nunca estará solo.

Que él sea justo y trate amablemente a mi gente, porque los muertos no son impotentes.
¿Muertos, dije? No hay muerte, solamente un cambio de mundos.